10 de junio de 2013

Out Run


No tengo coche y no sé conducir. Me saqué el carné hará cosa de seis o siete años y no he vuelto a coger el volante desde que aprobé el examen práctico. Bueno, una vez estuve esposado a un volante, pero esa es otra historia.

Tampoco me gusta la Formula 1, lo que probablemente sea algún tipo de pecado entre los Pirineos y el estrecho de Gibraltar; pero es que no creo que exista nada más anodino que ver en la televisión. Las motos, el ciclismo y los programas faranduleros los coloco al mismo nivel.

Y ahora dejad que os hable de Out Run, el videojuego. Este título de Sega nació como máquina recreativa en 1986, con tres variantes a cada cual más chula que recreaban la sensación de conducir un coche deportivo para aquellos que no podían permitirse comprar uno, o todavía iban a clase en autobús o bicicleta. Fue uno de los primeros éxitos comerciales de Sega, cuando el nombre de la compañía aún no significaba mucho, pero al menos no era el chiste que es ahora; y, como es lógico, en los años siguientes también vio la luz en las videoconsolas, entre otras Master System y Mega Drive. Hoy Out Run es uno de los grandes clásicos de los videojuegos de carreras.

¿Y qué es lo que hace a este juego tan especial como para que os hable de él cuando, como ya he dicho, ni siquiera tengo coche y los únicos juegos de carreras que alguna vez me han interesado son los Mario Kart? Me alegra que me hagáis esa pregunta. A ver si soy capaz de responderla sin recurrir a la mímica.

La mecánica del juego es más simple que un botijo. Competimos no por una posición en la pista, sino contra el cronómetro, lo que significa que si no llegamos a un punto de control antes de que se acabe el tiempo, la pantalla de game over se nos vendrá encima. Hay cinco finales distintos dependiendo de la ruta que escojamos, y si somos buenos al volante, llegar al final de cada una de ellas nos llevará poco más de diez minutos.

Sin embargo, esa sencillez se compensa con la dificultad, que es bastante elevada. Si queremos ganar al tiempo, tendremos que ir deprisa, y cuanto más corramos, más difícil será tomar las curvas y evitar chocarse con otros vehículos o con los obstáculos que hay a ambos lados de la carretera, como árboles, gasolineras o formaciones rocosas. No recuerdo que de chaval llegase mucho más lejos del primer punto de control.

Eso sí, podemos estar seguros de que nunca habrá heridos. El coche dará un par de vueltas de campana, pero caerá de pie, y sus ocupantes saldrán despedidos fuera del vehículo, pero ilesos. La chica incluso pondrá una pose sexy.

Pose sexy.

Sin embargo, creo que los motivos de éxito de este juego van más allá de su jugabilidad.

En primer lugar, Out Run es un juego representativo de la época en la que fue creado. A mediados de los ochenta, la televisión americana y, en particular, la MTV vomitaba imágenes juveniles y marchosas (no por ello menos horteras) a todas horas, predisponiendo a los televidentes a tomarse la vida con calma. Era la máxima del "Tranqui, tío", y este espíritu se trasladó al juego: conducimos un coche deportivo a toda velocidad, nos acompaña una rubia preciosa, suena buena música en la radio, y tenemos toda la carretera para nosotros. Como decía la publicidad americana:

"You're cool, the engine's hot, the girl's gorgeous, a tank full of gas and an open road... the rest is up to you!".

O, como decía Erbe, ¡abróchate el cinturón!

En segundo lugar, si hay un coche que todo chaval hubiera querido conducir entre mediados de los ochenta y principios de los noventa, ese era el Ferrari Testarossa. Bueno, no. Era el Coche Fantástico. Pero después de KITT, el segundo puesto en la lista de vehículos alucinantes solía adjudicarse al Ferrari Testarossa, una preciosidad de 12 cilindros y diseño espectacular en el que destacaban unas enormes entradas de aire en los laterales, y que podía alcanzar los 300 km/h. Ferrari lo presentó en el Salón del Automóvil de París de 1984 y con él marcó un hito en la historia del automóvil.

Personalmente nunca me han atraído los coches y las carreras de coches me resultan más aburridas que mi médico diagnosticándome un trastorno por déficit de atención, pero aun así pedí que me regalaran un modelo a escala del Ferrari Testarossa en uno de mis cumpleaños. He-Man no cabía dentro, pero los G.I. Joe adquirieron un nuevo vehículo con el que enfrentarse a las tropas de COBRA, o al menos con el que conducir con clase hasta el campo de batalla.

El modelo del juego es, además, descapotable, símbolo de deportividad, elegancia y distinción, y señal inequívoca de que su dueño es un policía antivicio, un narcotraficante, o un hombre en plena crisis de los cuarenta.

Curiosamente, la única variante descapotable real del Ferrari Testarossa fue el modelo Spider con número de serie 62897, fabricado por Pininfarina en 1986 para regalárselo al por entonces principal accionista de Fiat, Gianni Agneli. El modelo ni siquiera hacía honor a su nombre, porque el chasis era de color plateado; pero fue el primero y último de su tipo. El resto de Testarossa Spiders tuvieron carácter "extraoficial" y se fabricaron para clientes muy selectos, como el Sultán de Brunei. No hubo una versión en serie, así que al final resulta que solo era un poco menos exclusivo que KITT.

Podéis soñar con él, pero no poseerlo.

En línea con esta maravilla de coche, el conductor es, naturalmente, un capullo. No hay más que verlo. Gafas de sol, camiseta de tirantes, pantalones de lino estilo Corrupción en Miami, cochazo y, por supuesto, una novia que está como un tren. En una comedia juvenil de los ochenta, sería el idiota que no para de meterse con el protagonista y que acaba perdiendo a su chica y recibiendo una lección moral que lo deja en ridículo delante de todos sus compañeros, generalmente con la mediación de un montón de estiércol.

Y a pesar de todo, es un capullo al que aspirar en secreto. Tú, sí, tú, el que estás leyendo esto ahora mismo, suponiendo que no seas una mujer también querrías ser ese capullo, confiando en tener todo lo que él tiene, pero con la esperanza de no llegar jamás a comportarte como el auténtico imbécil que aparentas ser.

Sin embargo, esto es imposible. Hay que respetar las reglas: buga guapo + novia guapa = capullo integral. Es así de simple y no tiene vuelta de hoja. De lo contrario, reinaría la anarquía.

Yo le llamo Chet.

¿Y qué decir la chica? Si el Ferrari Testarossa no tiene más que dos plazas, es porque no se fabricó para llevar al colegio a los críos ni para cargarlo con bolsas de la compra, sino para fardar de una novia de escándalo. A ser posible, de una distinta cada quince días; y ganas puntos extra si es extranjera.

En el juego, quien nos sirve de acompañante y copiloto es una rubia espectacular vestida con un top ajustado y pantalones cortos. A pesar de los píxeles, es fácil imaginársela como una de esas nenas de ensueño de las viejas portadas de Playboy y Hustler: Charlotte Kemp, Penny Morgan, Shannon Tweed, Taija Rae... Era una época de cortes de pelo desiguales, pechos generosos y pubis selváticos. Una gran época a pesar de no tener internet.

Y no penséis que la presencia de la chica es una tontería por el hecho de que no aporte nada a la mecánica del juego. La experiencia sería muy distinta si el segundo asiento estuviera vacío. Sin esa gachí, no tendríamos a nadie que cambiase el espejo retrovisor de sitio para pintarse los labios, ni que nos increpase y señalase con el dedo cuando metemos la pata al volante. Lo segundo no me lo he inventado, ocurre realmente en el juego.

Como detalle curioso, y esquivando los tópicos sobre rubias, debo decir que en uno de los cinco finales posibles, la copa se la entregan a ella.

Por fuerza se tiene que llamar Stacy.

En tercer o cuarto lugar (ya he perdido la cuenta), ¿qué sería de un videojuego sin una buena historia detrás que nos inspire? Pues entretenimiento puro y duro, sin pretensiones narrativas, que es lo que Out Run ofrece. No obstante, si queréis un argumento, me puedo inventar tres muy peliculeros:

  • Chet "Iceman" McAllister (Don Johnson), el jefe de una banda de carreras clandestinas, se ha trasladado a Miami para vengar la muerte de su hermana a manos de unos traficantes de droga. Stacy Parton (Teri Copley) es una agente del FBI que está investigando al cartel responsable de ese asesinato. Ambos se infiltran en esta organización criminal y colaboran para transportar un cargamento de heroína durante una carrera que pretende encubrir la mayor operación de importación de la historia del narcotráfico.

  • Cuando Chet (Mark Arnold) y Stacy (Lorie Griffin), una pareja a quien consume la pasión por la velocidad, compraron un viejo Ferrari Testarossa y lo restauraron para participar en una carrera desde Miami al Valle de la Muerte, no podían imaginarse que bajo aquel chasis se alojaba el mismo diablo. Christine, el automóvil viviente, ha regresado con un "cuerpo" nuevo para destruir todo aquello que se interponga en su camino... incluido a su conductor.

  • Los Ángeles, año 2026. La libertad y la democracia han sido sustituidas por un estado totalitario controlado por las máquinas. El superordenador SEGA (Douglas Rain) obliga a competir a los humanos en peligrosas pruebas televisadas para distraer a las masas. El programa más popular es Out Run, en el que los hombres compiten por su vida en carreras de coches. Nadie ha llegado jamás a la meta... hasta ahora. Chet Libby (James Spader), un rebelde programador informático, y su androide Stacy-404 (Lydia Cornell), no solo pretenden ganar, sino también destruir al superordenador para siempre.

¿Contentos?

Se juega porque sí y punto.

En el apartado técnico todo está en su sitio. Los gráficos son coloridos y resultones, y la máquina utiliza un efecto cuyo nombre no recuerdo para dar una falsa sensación de tridimensionalidad. Es cierto que hoy resulta un poco mareante, sobre todo en la parte en que las nubes parecen moverse a la misma velocidad que el coche; pero en su día funcionaba.

La recreativa Deluxe estaba además equipada con un sistema hidráulico que imitaba los movimientos del vehículo, y tenía un altavoz situado en el asiento, detrás de la cabeza del jugador, que hacía que la experiencia de juego fuera lo más cercana posible a la conducción de un coche deportivo. Tan cercana como podía permitirlo el olor a sobaco sudado del salón recreativo, quiero decir.

Las recreativas con sus especificaciones, para quien le interesen.

El último de los puntos fuertes del juego es su banda sonora. Antes de empezar cada carrera, podemos mover el dial de la radio para elegir entre tres melodías muy pegadizas: Magical Sound Shower, Passing Breeze y Splash Wave (más Step On Beat en la versión de Mega Drive). Esta posibilidad, que hoy os parece una melonada, fue muy novedosa en su día y, sin duda, favorece la inmersión del jugador en ese ambiente ochentero.


Our Run revolucionó el concepto de recreativa y de juego de carreras y, pese a su simplicidad, merecía la pena gastarse la paga semanal en ponerse al volante de este Ferrari Testarossa, o comprarse una de sus versiones para videoconsola.

A Donnie Darko le gustaba, así que, ¿por qué no a vosotros?

9 comentarios :

  1. Esa creatividad jejeje; eso me gustaba de los juegos de antaño(desde los de atari); te inventabas la trama, el final y los diálogos.
    En sus días fue tan revolucionario como la tecnología touch hace 7 años: ya estaban desde los setentas, pero hasta que lo prueban las masas y generas pasta, es que se valora la ciencia(desafortunadamente).
    Acá en la Ciudad de México era el acabose por la novedosa forma de un volante y los pedales...después ya trajeron la de carcasa completa y eran filas interminables.
    En sus días esa tecnología ochentera era la bomba. Hoy parece risible, pero lo mismo pasa ahora cuando le cuento a mi hija que en mis días 512kb eran suficientes para respaldar un ensayo y Yo respaldé mi tesis en un floppy de 1.44mb. Ahora ella tiene una microsd de 8Gb y le parece lo más normal.

    Ni hablar, somos testigos de la vida antes y después de la red; veteranos para saber que lo que importa de un juego no siempre son los gr´ficos ni que traten del personaje de moda.

    Agradable reseña, O.L.E.

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  2. El OutRun era (y es) un juegazo. Creo que después del Tetris y el Buble Boble (no el juego ese, en realidad me refiero el de ir reventando bolas), era el que mas dinero me dejaba. Es verdad que no necesitaba una historia, pero creo que me hubiera encantado cada una de las historias que has propuesto. Chapo!

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  3. Vaya época esa en la que todos los bares (menos los de mi pueblo) tenían una máquina recreativa, con cabinas genéricas en las que había que sólo se cambiaba la placa al cambiar el juego por lo que este juego al tener cabina propia con volante era considerado un lujo y pocos bares lo tenían.

    Su continuación el Outrun Coast 2 Coast también lo arrasó convirtiéndose en uno de los grandes éxitos de los últimos salones recreativos.

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  4. Joder, vaya recuerdos de cuando jugaba a este juego en un bar de mala muerte del Casar de Escalona (un pueblucho de mala muerte en medio de un pedregal reseco de Toledo). No pasaba de la primera pantalla y mi Ferrari acababa mas abollado que Iron Man en las películas, pero como me viciaba a este juego.

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    1. No me lo puedo creer. Es el pueblo de mis abuelos! De que bar estamos hablando?

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  5. M@nchitas: Somos la voz de la experiencia, o sea viejos.

    Álvaro: Me gusta inventarme esas historias. No creo que hubiese costado mucho implementarlas, pero el juego hubiera perdido su tono.

    Anonimatus: Bares e incluso restaurantes. Yo jugaba al Final Fight, Fatal Fury o lo que fuera en el mismo restaurante en el que se celebró mi Comunión.

    Fénix: Casar de Escalona... Tengo que recordar ese pueblo para mis chistes recurrentes sobre localizaciones.

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  6. ¡Coñooooo...! ¡Pedazo de artículo con el que me alegra usted la semana, señor Tipo de la Brocha! Me ha molado tanto que le tengo que contestar por partes:
    1- ¿Todos los finales en diez minutos? Vengaaaa.... Yo núnca (NUNCA) he logrado llegar al final. En ninguna de las rutas. Así que sigo albergando la esperanza de que sea cierta la leyenda urbana que dice que tras la ruta más dificil, al final del juego, la rubia te la chupaba.
    2- Tiene usted que probar la secuela que se sacaron de la manga no hace mucho. OutRun 2 Coast to Coast. Había una versión para PC bastante potable.
    3- ¡Qué coño! Ya puestos a disfrutar de un delirio ochentero, tiene usted que catar el Far Cry 3 Blood Dragon. Rayitos laser de color lila y gente vestida con cascos como los malos de la peli de Masters del Universo.
    4- Ese tío no es Chet, es el capullo de Troy el de los Goonies, el que tenía un descapotable rojo y no hacía más que colocar el retrovisor para mirarle el muslamen a la de la minifalda.
    5- De sus tres alternativas, me quedo con Christine II: la venganza. Tiene un punto KARR pero en tía que me pone.

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  7. En otro orden de cosas, le he mandado usted al correo el remate de una cosilla que le mandé hace tiempo. Ya me contará usted.

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  8. Tanto en arcade como en mi MSX me volvía loca, musicón y grandes experiencias! y cuando se dividía el camino que siempre dudaba donde tirar, pero daba igual! no pasaba mucho más allá! Siempre acababa la rubia apaleando al chulo playa.

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